Seguro que alguna vez has sentido hambre real, ¿pero sabes lo que es el hambre emocional?

Te ha pasado alguna vez que…

  • ¿Tienes ansiedad, notas que tienes un nudo en el pecho, estás nerviosa y vas a la nevera buscando desesperadamente algo para comer?
  • ¿Desde hace un tiempo comes compulsivamente y notas cambios a peor en tu cuerpo que te hacen sentir mal, pero no puedes dejar de comer?
  • ¿Alguna vez te has sorprendido a ti misma delante de la nevera o del armario de invitados arrasando con galletas o chocolates?
  • ¿No te puedes esperar a que se haga la comida y mientras vas picando mientras cocinas?
  • ¿En algún momento de tu vida has comido algo de lo que luego te has arrepentido y te has sentido mal llegando incluso al llanto?
  • ¿Piensas todo el rato en comida?
  • ¿No sabes parar de comer?
  • ¿Comes, comes y comes hasta el punto de sentirte a reventar por no dejar comida en el plato o no saber cuándo va a ser la próxima vez que comas eso?

Somos muchas las que a lo largo de nuestra vida hemos pasado éstas situaciones y por tener una mala relación con nuestro cuerpo y la comida. Incluso a veces hemos tonteado con dejar de comer, vómitos y exceso de ejercicio.

En este artículo te voy a explicar las diferencias entre hambre real y  hambre emocional, te daré tips para que tú misma puedas identificar el tipo de hambre y como lo puedes combatir, y te contaré un poco de mi experiencia personal por si te puede ayudar en algo.

 

¿Somos lo que comemos?

 

Seguramente has escuchado esta frase alguna vez.

Y es que, generalmente, de las decisiones que tomamos en nuestra vida, depende la estructura de nuestra personalidad e incluso la estructura de nuestro cuerpo.

Es verdad que lo que comemos tiene un impacto en nuestro cuerpo.

Sabemos que hay alimentos más sanos o con más nutrientes que nos benefician mucho más que otros bastante menos sanos y de menor aprovechamiento.

Pero al margen de esto, hay una cosa que es mucho más importante y que puede determinar cómo te van a sentar estos alimentos, y es la forma en que comemos.

La forma en qué comes puede dejar ver muchas partes de ti.

 

¿Hambre real o hambre emocional?

 

La alimentación está estrechamente relacionada con las emociones, y los problemas con la comida expresan como está tu mundo interno.

Tus problemas con la comida revelan que dentro de ti hay sentimientos que no dices.

Ya sea porque no los has sabido reconocer o naciste en una familia donde hablar de tus sentimientos y emociones no era natural o incluso era ridículo o burlesco.

Atenta a estos ejemplos:

  1. Acabas de discutir con “tu mejor amiga”. Llegas a casa y tu madre te pregunta qué te pasa y tú les respondes que estás bien, mientras te diriges a la nevera a coger un helado.
  2. Tienes mal de amores, te sientes muy triste, vacía y es entonces cuando reproduces la tan típica imagen de sofá, helado y peli.
  3. Estás en casa pensando en que deberías de hacer algo por tu cuerpo. No quieres seguir así, pero te da tanta pereza ir al gym que decides que irás mañana y que mejor hoy te quedas descansando mientras comes palomitas en el sofá.
  4. Has tenido un día duro en la universidad o en el trabajo: has salido más tarde de lo normal porque has trabajado un montón o has tenido examen y al llegar a casa te comes esa tableta de chocolate porque “TE LO MERECES”.

Pero…. ¿Podrá ese sabroso helado de chocolate ayudarte a sentirte realmente mejor? O solo a sentirte asquerosamente llena, o lo que es peor, TREMENDAMENTE CULPABLE.

Si analizamos cada una de las situaciones anteriores observamos que en todas y cada una hay un problema emocional (discuto con mi amiga, mal de amores, me siento mal con mi cuerpo, estrés) que estás intentando solucionar comiendo.

 

¿Cómo puedo identificar el tipo de hambre?

 

Hay una pregunta muy sencilla que te va a decir claramente que tipo de hambre tienes.

Cada vez que te sorprendas yendo a la cocina en busca de algo de comer sin motivo alguno (no es la hora de comer) párate en seco y hazte esta pregunta:

¿De verdad tengo hambre?

 

Estoy 100% segura que a lo largo de tu vida has sentido el verdadero hambre fisiológico, ese que aparece cuando llevas horas sin comer y te rugen las tripas, esa sensación de tener un vacío estomacal, literal.

Por lo tanto, no te será nada difícil saber si tienes hambre real o si por lo contrario debido a que estas pasando por un mal momento o que de repente te ha venido un pensamiento que te ha hecho sentir mal, has reaccionado yendo a por algo de comer.

Una vez que has identificado el tipo de hambre es hambre real o hombre emocional, tienes dos opciones:

  1. Es hambre real » come.
  2. Es hambre emocional » pregúntate si de verdad ese helado, galleta o chocolate te va a hacer sentir mejor o solucionar ese problema. En muchos casos si comes, tendrás dos problemas: la emoción negativa y el sentimiento de culpa.

El problema del peso

 

El problema del peso radica en que aquello que utilizas como mecanismo de salida para satisfacer tu “hambre emocional” lo confundes con tu “hambre real”.

Digamos que el peso es la consecuencia que estás sufriendo a causa de lo que estás sintiendo y las decisiones que estás tomando. Y es un claro reflejo de lo que está pasando dentro de ti.

Además, a día de hoy, la imagen corporal juega un papel importante en la sociedad.

En gran parte por este hecho, nos sentimos “obligados” a estar dentro de unos cánones o mantenernos en una línea de la que si nos salimos ya estamos expuestos a críticas y juicios.

Todas esas situaciones que hemos mencionado antes y que provocan en ti emociones negativas te inducen a comer. Y, por lo tanto, al comer más de lo normal o cosas que no sueles comer, tienes un aumento de peso.

No todas las personas tienen esa asociación EMOCIONES-COMIDA.

Quizás has crecido sin distinguir si comías algo por sed o por hambre; que tenías sueño y te dijeron “¡No seas dormilona no puedes estar durmiendo!”. Y en un intento de permanecer en esta excitación nerviosa comías para mantenerte despierta.

O quizás has crecido con unos padres que te recompensaban con comidas que no comías habitualmente cuando aprobabas un examen o sacabas buenas notas.

Tal vez eres de esas chicas que cuando te va a bajar la regla utilizas la excusa para comer chocolate.

“En muchos casos el problema de peso no es en realidad el peso, ya que das por hecho que el día en que desaparezca ese exceso de peso, desaparecerán todos tus problemas”

Si piensas eso estás dentro de una fantasía. Tenemos que arreglar nuestro interior primero para poder arreglar nuestro exterior.

Es evidente que podemos corregir un problema de exceso de peso con un plan nutricional adecuado y haciendo deporte, pero si no estás bien mentalmente, te va a ser muy difícil ser estricta para cumplirlo.

Puede que ya lo hayas intentado varias veces y lo hayas dejado, con la decepción que conlleva y el trocito de autoestima que se pierde.

“Pero es que quizás no tienes que arreglarlo desde fuera, sino desde dentro.”

El vacío que sientes dentro de ti no es fisiológico sino emocional. No puede ser llenado con algo material, como la comida.

Llevas un tiempo que te estás sintiendo desequilibrada con la comida, te preocupas demasiado por tu cuerpo y tienes una ansiedad constante de comer.

Seguramente te preguntes si alguna vez en tu vida podrás estar tranquila y no preocuparte por lo que comes ni por como estás físicamente.

Quizás lo que te pasa no es normal, ¿y si tienes algún problema?

 

7 RAZONES QUE TE PUEDEN LLEVAR A TENER UNA MALA RELACIÓN CON LA COMIDA

 

  1. Llenar vacíos. Cuando sientes que tus necesidades de cariño, dulzura, comprensión o consuelo no están cubiertas satisfactoriamente (ya sea de manera real o ficticia).
  2. Comida como mecanismo de huída.
  3. Protección. El aumento de peso en muchos casos es una coraza.
  4. Castigo: Cuando sentimos que hemos hecho algo malo y hemos crecido en ambiente en que nos castigaban/castraban mucho, es probable que utilicemos la comida para castigarnos.
  5. Quieres volver a contactar con la etapa oral (bebé amamantándose). En tu deseo de volver a sentir que todo está bien, que hay alguien que te protege y te mantiene, te da calma, abrigo.
  6. Hacer alto de lealtad. Para afianzar la pertenencia a nuestro sistema familiar. Por ejemplo: eres una chica anoréxica o bulímica. Y siéndolo inconscientemente estas brindando lealtad a alguien de tu familia con el mismo problema. Yo te ayudo a cargar con ese mismo dolor.
  7. Abandonarnos: Con la fantasía de que alguien llegue y te pise o te levante.
  8. Premio. Relacionar comida con celebraciones.

 

SÍNTOMAS DE QUE ALGO NO ESTÁ BIEN

 

Si eres una chica que te preocupas por tu cuerpo lo justo y normal, no te sientes deprimida ni te das atracones o compensas con deporte la comida extra, sino que haces deporte e intentas llevar una vida sana y equilibrada, no tienes ningún problema.

Pero si sientes la mayoría de los siguientes ejemplos te invito a reflexionar:

  • Comes a escondidas.
  • Te das atracones, normalmente de dulces, y luego acabas culpándote de lo que has hecho.
  • Comes cuando te sientes vacía de cariño y necesitas llenarte y no pensar.
  • Cada vez que comes algo que no está en tu dieta te sientes culpable.
  • Cuando vas a comer fuera no eres capaz de comer cierto tipo de alimentos (salsas, fritos, postres) porque tienes miedo de engordar.
  • Te sientes deprimida en general.
  • No tienes ganas de ver a nadie, ni quieres que nadie te vea.
  • Te avergüenzas de tu cuerpo.
  • Cuando comes de más, intentas compensarlo haciendo deporte extra o comiendo menos al día siguiente.
  • Solo piensas en comer.
  • Se te ha pasado por la cabeza vomitar lo que has comido o vomitas cuando no sabes decir que no y te da rabia (has tragado más de lo que aguantas, no has puesto límites y tragas)
  • Intentas controlar tu cuerpo porque sientes que no puedes controlar tu vida.
  • Discutes demasiado con tus padres o con tu pareja y estas más irascible.
  • Sientes que nadie te comprende.

Como hemos explicado, todos estos casos tienen un origen psicológico, reflexiona.

¿Hay algo que no está bien en tu vida? ¿Estás pasando por algún obstáculo o problema que te mantiene en un estado de ansiedad o depresión?

 

Cómo solucionarlo

 

Tenemos que arreglarlo desde dentro.

Tu problema no es tu cuerpo.

El problema es la situación que te está causando unas emociones y pensamientos que te llevan a tomar determinadas decisiones no muy acertadas con la comida. Esa es tu canalización.

Como consecuencia de esas decisiones tomas acciones (comer menos o comer más) y tu cuerpo está sufriendo cambios, que no te gustan.

Ahora te sientes peor.

Y así infinitamente.

Hasta que llega un punto que piensas que te sientes tan mal porque no te gustas a ti misma. Intentas hacer una dieta o hacer deporte, pero no eres capaz de seguirla. Porque la ansiedad sigue estando ahí.

No te has preguntado que ¿quizás no es tu cuerpo lo que tienes que arreglar sino esa situación que te lleva a tener esos pensamientos y emociones?

Lo primero que necesitas hacer es identificar cual es el origen de tus problemas. ¿Qué es lo que te está haciendo sentir así?

Hace 5 años, yo pasé por el divorcio de mis padres.

Una ruptura familiar es un proceso duro, y yo lo canalicé comiendo.

Comía sin control, intentando llenar un vacío que no era físico, sino emocional.

Tuve que estar un mes en un centro de Trastornos de alimentación para aprender a controlar mi impulsividad y mis atracones.

Y después visité varias veces a un psiquiatra que me ayudó mucho a ver que no tenía un problema con la comida, sino emocional.

Así que: Identifica el problema e intenta buscar una solución.

Tienes que ser paciente contigo misma. Si es una situación nueva a la que te tienes que acostumbrar (un divorcio, una ruptura, pérdida de algún familiar, un trabajo que no te gusta…) date tiempo, el tiempo lo pondrá todo en su lugar.

Ahora ya eres consciente de donde vienen esas emociones que te llevan a comer.

Tienes que aplicar autocontrol.

 

PASOS A SEGUIR:

 

  1. Cada vez que un pensamiento te lleve a la cocina identifícalo ¿Tienes hambre de verdad?
  2. Hazte consciente de que tu hambre es emocional, no real.
  3. Controla ese impulso, no comas. No vas a llenar tu vacío emocional comiendo.
  4. A medida que vayas superando situaciones, tu auto control crecerá. Cuanto más coherentes sean tus acciones con tus pensamientos y sentimientos mejor te sentirás contigo mismo.
  5. Toma la decisión correcta y te sentirás bien. Cada vez que tomas una buena decisión y te sientes bien, tu seguridad y autoestima crecen, haciéndotelo cada vez más fácil en el futuro.
  6. Come solo cuando tengas hambre física, y deja de hacerlo cuando te sientas satisfecha.

Desde mi experiencia te aconsejo que busques ayuda.

Si ves que la situación se te va de las manos, que no es normal lo que te está pasando, pide ayuda. Antes de que sea demasiado tarde.

Hablo de ayuda profesional. Busca un buen psicológo o psiquiatra a quien puedas contar todos tus problemas y, poco a poco, irás resolviéndolos.

El cuerpo es solo un efecto, cuando arregles la causa serás capaz de arreglar el efecto.

El placer de comer es muy efímero, y en cuanto este acaba, empieza la tormenta emocional.

Las emociones que desencadenan esta acción de comer permanecen ahí, no se van, no se evaporan.

Simplemente cumplen con su función.

TU CUERPO ES LA CARTA DE PRESENTACIÓN DE TUS EMOCIONES.

Me encantaría conocer tu experiencia con el hambre y la ansiedad

Todas hemos pasado por algún momento de este tipo en nuestra vida, si te ha pasado no dudes en escribir un comentario,

  • ¿Cuál es el momento del día en que sientes más ansiedad?
  • ¿Qué haces cuando te dan ganas de pegarte un atracón?
  • ¿Has conseguido sobreponerte a ese hambre emocional en situaciones difíciles?

¡Te leo!

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